Nunca se trató de creer en mí

Vivimos rodeados de una idea que suena inspiradora: “Cree en ti.” Nos dicen que el problema detrás de nuestros miedos, nuestras inseguridades y nuestros fracasos es que todavía no confiamos lo suficiente en nosotros mismos. Poco a poco comenzamos a pensar que el mayor obstáculo para cumplir nuestro propósito es la falta de autoestima y que, cuando finalmente aprendamos a creer en nuestras capacidades, entonces estaremos listos para hacer aquello para lo que fuimos llamados.

Pero la Biblia cuenta una historia completamente distinta.

Cuando Dios llamó a Gedeón, no encontró a un hombre seguro de sí mismo. Lo encontró escondido, trillando trigo en un lagar para protegerlo de los madianitas (Jueces 6:11). Israel llevaba siete años viviendo bajo opresión y el miedo se había convertido en parte de la vida cotidiana. Gedeón no estaba preparándose para una batalla; estaba intentando sobrevivir. Sin embargo, fue precisamente allí donde el ángel del Señor lo encontró y le dijo: «Jehová está contigo, varón esforzado y valiente» (Jueces 6:12).

Esa declaración parece extraña porque nada en la escena refleja a un hombre valiente. Gedeón estaba escondido y, a lo largo de la conversación, queda claro que también estaba lleno de dudas. Dios no estaba describiendo la realidad que veía cualquier persona; estaba hablando desde el propósito que Él había determinado para su vida. Muchas veces Dios nos llama por aquello que Su gracia hará en nosotros y no por aquello que hoy somos capaces de ver.

La respuesta de Gedeón revela el verdadero conflicto de su corazón. En lugar de preguntarse qué podía hacer Dios, comenzó a enumerar todas las razones por las que él no era la persona indicada. «Mi familia es la más pobre de Manasés y yo soy el menor de la casa de mi padre» (Jueces 6:15). En otras palabras, estaba convencido de que sus limitaciones eran más determinantes que el llamado de Dios. Pensaba que, antes de obedecer, necesitaba convertirse en alguien diferente.

Lo sorprendente es que Dios nunca discutió esos argumentos. No intentó convencerlo de que su familia no era la más pobre ni de que él no era el menor. Tampoco le dijo que dejara de sentir miedo. Simplemente respondió: «Ciertamente yo estaré contigo» (Jueces 6:16). La conversación nunca giró alrededor de las capacidades de Gedeón; siempre giró alrededor de la presencia de Dios.

Quizá esa sea una de las mentiras más sutiles que hemos creído. Pensamos que la fe consiste en desarrollar una confianza inquebrantable en nosotros mismos, cuando la Biblia muestra una y otra vez que la fe consiste en confiar en Dios aun cuando seguimos siendo conscientes de nuestras debilidades. Gedeón no fue usado porque un día despertó creyendo que era suficiente. Fue usado porque llegó el momento en que decidió creer que Dios era suficiente.

Eso cambia por completo la manera en que entendemos el llamado de Dios. Muchos esperamos sentirnos preparados para obedecer. Queremos que desaparezcan nuestras inseguridades, resolver todas nuestras dudas y sentirnos completamente capaces antes de dar el primer paso. Pero si ese hubiera sido el requisito, Gedeón jamás habría salido del lagar, Moisés nunca habría regresado a Egipto y Jeremías jamás habría aceptado ser profeta. Dios nunca ha llamado a personas que ya se sienten suficientes; ha llamado a personas que aprenden a depender de Él.

Incluso después de aceptar el llamado, Gedeón siguió necesitando confirmaciones. Pidió señales, expresó sus temores y todavía luchó con sus dudas. Eso nos recuerda que la fe no consiste en la ausencia de miedo. Consiste en decidir que la voz de Dios tendrá más autoridad que los argumentos de nuestro corazón. La diferencia no estuvo en que Gedeón dejara de sentirse pequeño, sino en que dejó de permitir que su pequeñez definiera su obediencia.

Quizá tú también has pasado demasiado tiempo esperando convertirte en la persona que imaginas que Dios podría usar. Has pensado que, cuando tengas más experiencia, más seguridad o más confianza en ti mismo, entonces responderás a Su llamado. Pero Dios nunca condicionó Su propósito a tu sensación de suficiencia. Él siempre supo quién eras cuando te llamó y, aun así, decidió hacerlo.

Pablo entendió esa verdad cuando escribió: «Todo lo puedo en Cristo que me fortalece» (Filipenses 4:13). No estaba celebrando una confianza ilimitada en sí mismo; estaba declarando una confianza absoluta en Cristo. Su seguridad no descansaba sobre sus capacidades, sino sobre la fidelidad de Aquel que lo había enviado.

Tal vez hoy necesitas dejar de esperar el día en que finalmente creerás más en ti. Ese día nunca ha sido el punto de partida del evangelio. La vida cristiana comienza cuando dejamos de mirar nuestras fuerzas como el fundamento de nuestra obediencia y empezamos a descansar en la promesa de que Dios estará con nosotros.

Porque al final, nunca se trató de creer más en ti.

Siempre se trató de creer que Dios es más grande que todo aquello que intenta convencerte de quedarte escondido.


✨ Hoy, háblate con amor y decide que:

Decido dejar de medir mi capacidad por mis limitaciones y comenzar a verla a través del Dios que me llamó.

📖 “Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas.”Josué 1:9

Decido obedecer a Dios aun cuando todavía tenga preguntas, creyendo que Su presencia es suficiente para dar el siguiente paso.

📖 “Ciertamente yo estaré contigo.”Jueces 6:16

Decido confiar más en lo que Dios dice que en los argumentos de mi propio corazón.

📖 “Confía en Jehová con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia.”Proverbios 3:5


Reflexión:

Piensa en una decisión, un llamado o un paso de obediencia que has estado posponiendo porque sientes que no eres suficiente.

Escribe cuál es el argumento que más se repite en tu mente. Después lee Jueces 6:11-16 y reemplaza ese argumento por la respuesta que Dios le dio a Gedeón: “Ciertamente yo estaré contigo.”

Ahora pregúntate con honestidad:

Si realmente creyera que Dios está conmigo, ¿qué paso de obediencia daría hoy?

Termina orando y pídele al Señor que te ayude a confiar más en Su presencia que en tus propias capacidades.

De corazón a corazón, por Jennifer Arévalo

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